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6 de mayo de 2016

Los ladrones entraron a mi banco


"Los ladrones entraron a mi banco"
Vinicio Jarquín C., 6 de mayo de 2016

Se escuchan tantas historias de personas que fueron víctimas de fraude electrónico y muchas veces tomamos unos momentos para compadecerlos, otros minutos para condenar las acciones de los estafadores y finalmente llega nuestro juicio en contra del afectado, con comentarios propios de “los seres superiores que somos”, que jamás hubiéramos caído en una trampa tan vieja o hablando de lo ingenuos que fueron al dar información que es bien sabido se debe guardar bajo llave y en el fondo del mar. 

Pero nunca tomamos en cuenta la secuencia con la que se dieron los hechos o el ambiente tan de confianza que los malhechores lograron crear. Y es que no se trata de que la víctima confíe o no, porque de ser así nunca lo haría; el tema es que el afectado cae en un "limbo" en donde se apagan los detectores de peligro, las luces de advertencia y las sirenas que gritan cuando algo malo está sucediendo, logrando llevar a su presa a un estado casi de hipnotismo y así empiezan a operar el plan. 

Todo esto parece una vaga excusa para disculpar cómo hoy caí en esas infames garras, pero esa no es mi intención porque tengo muy claro que la responsabilidad de mantener las alertas encendidas es mía, y si he caído en una de esas trampas es por mi culpa en gran parte; y ya me siento lo suficientemente mal por haber sido tan novato.

Hoy descubrí que tienen muchas formas de actuar, supongo que diseñadas para diferentes "mercados", y la que me tocó a mí la mantienen en la carpeta: "Clientes Corporativos", específicamente en “Empresas de uniformes”.

Hoy me siento más vulnerable que antes, porque siempre creí que era lo suficientemente "inteligente", "capaz" o "espabilado" como para no caer en estos trucos "baratos", pero fui testigo que en mis "redes personales de seguridad" tengo un punto ciego y puedo o pude, o fui, ser víctima también; solo espero que después de esta enseñanza de la vida, mis sistemas funcionen mejor y no dar por sentado que todo lo sé o que no es posible que algo así me suceda, así como nunca más juzgaré a quien caiga en la trampa, por más obvia o “tonta” que me parezca.

Pero, ¿Qué fue lo que sucedió?

Hace unos días me contactó un señor que necesitaba uniformes para su empresa, era una cantidad grande, de esas que “endulzan” las ganas de lograr la venta. Hablamos durante un buen rato mientras me explicaba sus necesidades y diseñábamos las prendas adecuadas para el tipo de empresa, la zona geográfica y su presupuesto. Lo hicimos en dos oportunidades más en las que quedamos de vernos. Un par de veces intentó venir a mi oficina pero yo no estaría, entonces quedamos en que yo iría a la suya, fuera de San José hoy viernes al medio día.

Durante todas estas negociaciones de varios días él intentaba con su banco pasarme el adelanto del 50%, que ya era un monto elevado y llamaba mi atención que quisiera hacerlo sin conocer mi producto, telas, diseños, calidad y responsabilidad; pero como parecía algo ingenuo y buena gente, era posible que así funcionara él.

Esta mañana me llamó para decirme que nuevamente tenía problemas para hacer la transferencia, que si la podíamos hacer en conferencia telefónica con el muchacho del banco, claro que dije que sí y nos puso en conferencia. En ese momento debió dispararse mi primera alerta y no aceptar brindar información telefónica, pero tal vez “endulzado” por la venta que estaba cerrando o por lo agradable y sencillo que parecía este señor, seguí adelante sin percatarme de la zona de peligro en la que estaba entrando, con las manos atadas y sin mirar hacia los lados.

El “muchacho del banco” respondió como si fuera cierto, le pidió algunos detalles a él y algunos a mi, datos que no debí haber dado, pero la verdad es que con solo esa información nadie podía entrar a mis cuentas. Nadie normal, aunque sí estos capaces ladres cibernéticos.

Mientras el muchacho del banco supuestamente hacía el paso del dinero yo continuaba hablando con el cliente en temas generales, hablamos acerca de sus inversiones, de su próximo viaje de negocios y de una empresa en la que pronto se asociaría con un grupo extranjero, cuando de pronto algo pitó en mi cabeza y mi mente se apagó por segundos, tal vez tan notorio que el señor me preguntó si todavía estaba en la línea, le respondí que sí pero volví a volar en mis pensamientos y el pito mental apareció otra vez, como diciendo: “Algo pasa en tu banco”.

Corté la llamada y llamé inmediatamente al banco:

-        Gracias por llamar al banco xxx, fulatina le atiende, ¿En qué puedo servirle?
-        ¡Buenas!, soy Vinicio Jarquín y creo que alguien está haciendo fraude con mis cuentas.
-        ¿Su número de cédula?
-        X-xxx-xxx
-        Un momento por favor. Entrando a sus cuentas. Bloqueando la cuenta principal. Bloqueando las otras cuentas. Cerrando el acceso. ¿Le bloqueo todas las cuentas?
-        Sí todas
-        ¿Le apago el acceso a Internet?
-        Por favor
-        ¿Le cancelo sus tarjetas?
-        Todas
-        Listo, su cuenta ya no puede ser accedida, todo ha sido bloqueado y apagado. Esta usted protegido. ¿Ahora podemos hacer el recuento de los daños?
-        ¡Claro!

Todavía en este momento yo no sabía si de verdad alguien había ingresado a mis cuentas, no estaba seguro si estaba siendo víctima de un fraude o si mis contraseñas habían sido violadas. Estaba frente a un posible gran problema, todo mi acceso al banco había sido bloqueado y tarjetas canceladas. De no ser cierto lo que pensaba estaba frente a un gasto grande para poder reanudar la cuenta por las multas en estos casos y por hacer un reporte de fraude sin tener pruebas, tan solo un pitazo en mi cabeza, dos veces, que no tenía mucho sentido y fundamento, sin contar que era posible que mi actuar me hiciera perder la venta.

Luego entendí que ese pitazo fue del ángel guardián de mis recursos que me dijo: “Vinny, algo pasa, alguien está moviendo dineros sin permiso”

La chica del banco me dijo:
-        Don Vinicio, ¿Cuándo fue la última vez que usó su cuenta del banco?
-        Antier
-        Lamentablemente se han realizado varios movimientos del día de hoy, ¿No fue usted?
-        No, hoy no he entrado.

El cuerpo me temblaba de angustia, no solo por el dinero que podía haber perdido, sino por la sensación al saber que alguien, un ladrón, había entrado a mi cuenta, y había hecho movimientos. Mis miedos se confirmaron, fui víctima de un fraude. Era la sensación que se tiene cuando sabés que un rufián entró a tu casa y anduvo por tus gavetas. Era la peor de las sensaciones, porque no fue que entraron rompiendo una puerta o ventana, sino que lo hicieron porque yo, de alguna manera, le dije debajo de cuál maceta está la llave de repuesto.

-        Don Vinicio. Hicieron transferencias desde la cuenta 1, desde la 2 y desde la 3, quedando casi en cero los saldos de estas tres cuentas.

La sensación de impotencia se elevó al máximo y cada vez me señalaba más a mi mismo por haber permitido que esto sucediera. Me consolaba pensando que no había nada que yo pudiera haber hecho, que ellos había diseño un plan maestro perfecto, tanto que me habían confundido y logrado que no me percatara de lo que estaba sucediendo; pero la verdad es que todo esto es un “consuelo de tontos”, yo tenía toda la culpa. Por supuesto que ellos también o más, pero eso no era excusa, fui yo el culpable y ahora lo perdido era mi responsabilidad y consecuencia de mis actos.

-        Don Vinicio, ¡Buenas noticias!, las tres transferencias se hicieron hacia su cuenta No.4, posiblemente para juntar todo el botín y de ahí sacar un solo monto; pero como usted actuó rápido, y yo también, no pudieron sacar ni un cinco. Movieron dineros de todas sus cuentas a la principal; o sea, jugaron con sus cuentas pero no ha perdido nada. Todo el dinero está junto en la cuenta principal. Y todo acceso ha sido cancelado.

Ahí se acaba el susto de lo perdido, pero todavía quedaba la sensación de sentirme vulnerable por alguien que violó mi seguridad y entró a una de las áreas más privadas que tenemos; todo eso sin contar lo tonto o más bien estúpido que me sentía, pensando en cómo idearon un plan tan detallado, desarrollado durante varios días, para llegar a este punto en que no tenía puestas mis alertas de seguridad. Pero estaba tan agradecido con Dios por haberme dado ese campanazo y que mis recursos estuvieran a salvo.

Claro que el día no fue el mismo, tuve una gran pérdida de energía que me dio mucho sueño y una pesadumbre por la tarde.

Media hora después volví a llamar al banco, para hablar con otro oficial de cuentas y asegurarme que todo lo concerniente a mis dineros estuviera bloqueado y cerrado, y así fue. Anoté el nombre de ambos chicos, recogí correos electrónicos, copia de la cotización, grabaciones de audio e historial de chat y fui a poner la denuncia en la OIJ.

Una vez que declaré, la muchacha de la corte me preguntó cuánto había sido el dinero perdido, le dije que nada porque logramos cerrar las cuentas a tiempo. Ella me miró fijamente y dijo: “¿Se da cuenta de la suerte que ha tenido?, entraron a su cuenta del banco, movieron dineros entre ellas y no lograron sacar nada, todo fue cuestión de segundos. Esos infelices deben estar que se muerden y se arrancan el pelo”.

Para terminar quiero contarles que una de esas cuentas casi no la uso y para que no la cerraran tenía un saldo de ¢15.000, que ellos movieron a la cuenta principal. Si en lugar de mover ese monto se hubieran dedicado a sacar el resto yo hubiera perdido todo lo que tengo en ese banco, pero el tiempo que les tomó hacer esa pequeña transferencia, por angurrientos,  fue suficiente para que la chica del banco pudiera cerrar todo.

¡Qué bendición!
“Si el Señor no guardaré mi casa, en vano vela la guardia”.  Salmo 127,1


Vinny

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