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25 de abril de 2018

Buscando la felicidad


“Buscando la felicidad”
25 de abril de 2018



La verdad es que no sé si la felicidad se encuentra en modo automático, o tenemos que intentar encontrarla o reconocerla, o tal vez las dos anteriores.

Lo que sí sé es que yo tengo un sistema manual, para tratar de encontrarla hasta en los más mínimos momentos o detalles, de forma tal que cuando no esté, yo esté tan “embriago” de ella, que tenga las fuerzas suficientes para esperar por el próximo gran momento.

Hoy ha sido un día de muchísimo trabajo, llevo 12 horas casi continuas de estar en la oficina, y todavía me falta rato para salir; pero cuando me detengo un momento, me doy cuenta de todo lo que he hecho, de todos los pendientes terminados, y de todo lo que he puesto al día, y me siento feliz.

En la tarde me quedé sin tinta para la impresora, y no tenía otra de repuesto en proveeduría. En la noche fui rápidamente a Office Depot, y aproveché para comprarme unos marcadores hermosos (de unos 3.500 colones) y un portafolio para poner mis ejercicios de Coaching.

Cuando venía de camino a la oficina, sentía que algo me hacía sentir muy feliz, y pude darme cuenta que venía ilusionado con mis nuevos lápices y de llegar a cambiar la tinta de la impresora.

Tal vez suene un poco exagerado, o hasta algo tonto, pero muchas veces me siento feliz de saber que tengo todo un tubito de Halls sin estrenar.

En este momento estoy en mi escritorio, lleno de papeles y tareas pendientes, con una copa de vino blanco y contándoles cómo me siento. Ahora es cuando debería sugerirles que traten de hacer lo mismo que yo, que busquen la felicidad hasta en los más mínimos detalles; pero hoy no estoy para dar consejos, sólo les estoy diciendo lo que para mí funciona, por si les sirve de algo.

Saludos,
Vinicio Jarquin .com

14 de abril de 2018

El cohete que me afectó el alma


“El cohete que me afectó el alma”
(21/11/15 - 16/12/15 - 09/01/18 - 10/02/18)
Vinicio Jarquin C. 

Estábamos a muy poca semanas de despedir el año 2015, que por muchas cosas había sido un tiempo maravilloso, y en estos días parecía serlo mucho más.

Nuevos “agregados” humanos me daban alegrías particulares; nos conocimos. Fue de improviso, sin advertirlo, y por supuesto sin oponer resistencia. Sin embargo y aunque fue muy poco tiempo que duró, tuvo magia.

Estaba en la base espacial, con mi nuevo y querido amigo. Conocimos los sistemas vitales, las máquinas, las computadoras, y todo nos tenía fascinados a ambos, o al menos eso era lo que yo pensaba. Vimos el gran cohete que estaban diseñando, y tal vez de alguna manera pensé que lo usaríamos para conocer nuevos mundos.

No habían pasado ni tres semanas de estar ahí, cuando sentí como temblaba el edificio. Un fuerte calor llegó a las instalaciones y pude ver cómo el cohete arrancaba motores, ahí, frente a mis ojos, mientras un vidrio grueso nos separaba.

Estaba solo, me quedé solo. Pude ver cómo mi amigo, ese “amigo eterno”, cerraba la puerta de la nave, estando adentro y yo afuera. Preparó todo y despegó, dejándome aquí.
Varios días, o incluso semanas, me quedé sentado en una sillita de la sala de control, pensando que había sido un juego, y que pronto brincaría dándome un susto; pero no sucedió. Me quedé sentado suponiendo que había sido un error, y que pronto recibiría una señal de -SOS- y tendría que encontrar los recursos o la manera de ir a su rescate; pero no sucedió. Me quedé esperando, podría ser que necesitara hacer un viaje corto por la luna, y que en pocos días regresaría, y que cuando volviera le ayudaría a aterrizar, y quería que supiera que no me fui; pero no sucedió. Se había ido.

Viví unas semanas duras luego de esas separación, y algunos días de mucho dolor. La separación era extraña, pero el silencio era el arma homicida que me carcomía poco a poco. Me levanté de la silla de la esperanza, tomé mi maletín, sequé mis lágrimas y decidí irme de la base espacial. Caminé pensando que si algún día me enviaba una señal, yo volvería a este mismo lugar, botaría las puertas, encendería todo, y aunque fuera con señales de humo le ayudaría a aterrizar a salvo; pero no sucedió.

Me fui sumergido en el gran dolor que probablemente sentiría un adolescente, y que no era correcto en esos tiempos. Llegué a mi casa, dejé pasar un tiempo y empecé a desconectar los sistemas de comunicación, salirme de las redes y borrar su rastro, porque ya para entonces sabía que no fue un error. Se había subido, había cerrado y partido, sin mirar atrás.

La calma finalmente llegó, volví “a la vida”, y continué derecho por el sendero que tenía marcado; pero recordándolo de vez en cuando, pensando si podría verme desde las estrellas, o si yo lograría verlo si miraba al cielo; pero eso era una utopía o u sueño loco que no era posible, y que finalmente nunca intenté.

Pasaron cerca de dos años, en los que tengo que confesar que ya poco pensaba en ese incidente o pérdida. Tal vez lo borraba para que no me doliera, porque ya no me interesaba, o porque simplemente yo también, de alguna manera me había ido.

De pronto llegó aquel día en que por cuestiones del destino, estando en una ciudad distante, llegué a una feria espacial, y pude ver diferentes tipos de naves galácticas. Vino a mi mente aquel día de dolor, pero también vinieron los buenos recuerdos y las vivencias. Me acerqué a una consola de comunicación que nadie estaba resguardando, y recordando el código de aquel cohete, le envié un mensaje corto, con la esperanza de que lo recibiera, pero sabiendo que era imposible.

Minutos después, estando ahí todavía, la pantalla se encendió y un pitó ensordecedor llenó el ambiente; se recibió un mensaje desde el cohete en el que viajaba mi otrora amado amigo.

No pude dejar de soltar una lagrima, tomar una fuerte respiración, sentarme y responderle de vuelta. Quería decirle lo que lo extrañaba, quería decirle lo que en algún momento lo había querido, quería hacerle saber que ya esos sentimientos habían quedado sepultados para siempre, pero que le deseaba un buen viaje, pero no pude hacer nada de eso, le devolví otro mensaje corto, y apagué. No recuerdo exactamente cómo me sentí. Supongo que lo extrañaba y que algo se había despertado, pero no podía darme ese lujo. No podía volver a lo que vivimos y mucho menos a lo que sentí. Apagué el panel de comunicación y me senté en la terraza del piso 29 del hermoso edificio en la capital chilena. Cerré mis ojos y pensé en otra cosa. El tema volvió a estar desconectado y la vida continuó.

Algunas semanas después, junto con amigos queridos visitamos otra plataforma de despegue, como muchas otras había visto en la vida, incluso después de aquel día. Eran tantas o tan constantes las visitas, que ya las hacía sin la esperanza de volver a ver a aquel cohete que alguna vez despegó, dejándome viendo hacia arriba en la mayor de las incertidumbres.

Esta vez fue diferente, ahí estaba. Pero no el cohete, era él. De alguna forma su vida había cambiado y había vuelto a la tierra, ahora en la mejor de las compañías. Ahí estaba, de pie, erguido, fuerte, con un gran récord de batallas ganadas.

Estaba en medio de un grupo, alejado. Vi como si una pantalla se encendiera, usando un viejo sistema “D.O.S”, en la que empezaron a pasar, de abajo hacia arriba, cientos de preguntas. ¿Me acerco o no?, ¿lo ignoro?, ¿lo saludo con un apretón de manos?, ¿lo abrazo?, ¿Le reclamo?, ¿dejo pasar el tema?, ¿me devuelvo y me voy corriendo de aquí?, ¿ Y si me voy cómo me sentiré?, etc.

Mientras las preguntas pasaban y pasaban, unas nuevas y otras repetidas, mi sistema principal de emociones había tomado el control, y yo estaba caminando hacia él.

No recuerdo exactamente el nivel de reclamo que le hice, como tampoco recuerdo lo que le dije exactamente. No puedo imaginar la cara yo que llevaba, aunque seguramente estaba intentando tener la más neutral posible; pero tengo grabado su rostro, que con una pequeña sonrisa, algo nerviosa y de pena, me decía algo como: "volví, aterrice, después te cuento".

Después te cuento, no, yo quería saber algo, algo necesitaba escuchar. No se le puede hacer esto a un amigo y sólo darle esa explicación.

La noche transcurrió y algunas respuestas aparecieron. Respuestas bastante satisfactorias voy a decir.

Me aseguró que había vuelto a vivir a la tierra, ahora más seguro, más confiado, más maduro y más estable. Y me alegro por él con todas las fuerzas de mi corazón, porque finalmente, en algún momento de los meses de dolor, solo añoraba un mensaje en el que me dijera que estaba bien, aunque fuera viviendo en otra galaxia.

Volvió, incluso ahora no sé qué significa eso. Si solo ha vuelto a la tierra por un tiempo y tiene el cohete escondido entre los matorrales, o vino a residir aquí. Y de ser así, tampoco sé cuándo lo volveré a ver, o si lo volveré a ver. Y lamentablemente no me queda claro si ahora que vive aquí piensa lo mismo que antes o sólo hemos arreglado el pasado sin un futuro por formar.

Lo que sí me queda claro es que está muy bien, se ve feliz y parece que va por buen camino, que es lo que finalmente he deseado en estos años, y hoy podré dormir en paz. Podré dormir en paz aunque tantos pensamientos ronden mi cabeza, y no pueda apagar esta sonrisa.

Bienvenido a la tierra querido amigo.


3 de abril de 2018

El poder de la crayola tica

“El poder de la crayola tica”
Vinicio Jarquin .com
3 de abril de 2018


Ya se había acabado el primer trimestre del año, mientras Costa Rica estaba sumergida en una dura contienda electoral , en la que dos candidatos en segunda ronda, se debatían la presidencia de la república. 

Dos jóvenes de apellido Alvarado, con algunos lazos sanguíneos, pero con pensamientos completamente diferentes en materia de familia, manera en cómo manejar el tema de los derechos humanos, y preparación para tomar la silla por la que iban. El candidato oficialista, un escritor, músico, periodista y de centro izquierda. Y en la otra esquina se encontraba un pastor evangélico, radical, también periodista. 

El sol del primero de abril empezaba a asomarse en el horizonte del país centroamericano, mientras que miles de voluntarios se preparaban para abrir los centros de votación. Papeletas en mano, listas del padrón electoral, y cuanto fuera necesario para que junto a otros miembros del Tribunal Supremo de Elecciones, estuvieran prestos a recibir a los costarricenses. 

Por otro lado, muchos ticos mañaneros ya estaban listos para hacerse presentes y hacer suyo el derecho de elegir, y cumplir con su obligación cívica. Estaban por terminar las dudas de quién ganaría esta contienda tan reñida. Poco a poco se irían acabado el susto de algunos por los resultados que este día se dieran. 

Los de Renovación Nacional querían un cambio, movidos por su deseo de instalar en la presidencia a don Fabricio; y los oficialistas, aunque no solo porque fuera el partido gobernante, les aterraba un cambio tan drástico en la política nacional, y por supuesto internacional, y la imagen que el país daría a otras naciones, y definitivamente a los organismos importantes. 

Esta reñida campaña hizo que los costarricenses se lanzaran a las calles desde días antes, con banderas, sonar de bocinas y gritando consignas, algunas que buscaban el amor, y otras un poco hirientes, entre unos y otros; pero las masas estaban en movimiento.

Era el Domingo Santo, con muchos nacionales fuera por vacaciones, y se temía un abstencionismo alto, principalmente porque el regreso de las playas sería complicado ese día, y gran número de personas viajaron fuera o viven en otras latitudes.

Como siempre, la prensa y los observadores internacionales ya estaban en suelo tico. Harían un análisis de lo que sucediera, y reportarían al mundo, pero principalmente en esta ocasión, en la que el país estaba notoriamente polarizado, y verdaderamente cualquier cosa podía suceder, más tratándose de Centroamérica, y por qué no decirlo, de América Latina. 

De alguna manera, y aunque nadie lo decía era muy probable que esos conflictos que habían estado en las redes sociales desde semanas antes, fueran un reflejo de lo que podía suceder en las calles. 

Ese día y mientras el sol alumbraba las montañas del hermoso país, de océano a océano, sucedió lo que algunos consideraban impensable, porque obviaron quienes eran los jugadores, las elecciones transcurrieron en total tranquilidad. No se presentaron altercados, no hubo una gota de sangre ni un disparo de pólvora. Muchos regresaron a sus casas un día antes, sacrificando sus vacaciones a favor de lo que esperaban para los siguientes cuatro años. Ticos votando en el extranjero, en las ciudades en donde viven, y cientos volando a casa para correr a la escuela de su comunidad. Se logró el más bajo porcentaje de abstencionismo en una segunda ronda, en la historia de este país. 

Millones de costarricenses llegaron a sus centros de votación, presentaron su cédula, tomaron la papeleta, y en secreto con el uso de una crayola color naranja, marcaron una X bajo el rostro del candidato de su preferencia. 

Era el mismo escenario que estos nacionales hacen siempre que eligen gobernante, aunque esta vez fue muy intenso por la polarización que se había hecho en redes sociales, en el núcleo de las familias y de grupo de amigos. Eran candidatos muy distintos, y podría darse un cambio radical en la vida que hasta hoy los costarricenses han tenido.

Costa Rica, con crayón en mano le gritó al mundo su derecho a decidir, su respeto por el de al lado, y cumplieron en una inmensa mayoría, su responsabilidad cívica, como habitantes de una de las más sobresalientes democracias del mundo. 

Este pequeño país del istmo que une a las dos grandes Américas continentales, daba una nueva lección al planeta entero. Y cómo dicen por ahí “a la hora de los balazos, no hubo ni uno”.

Un país sin ejército, cuyos habitantes se defienden arraigados a sus más grandes valores de paz, se armaron crayola en mano y eligieron.

Dos horas después de cerradas las urnas, el Tribunal Supremo de Elecciones ya tenía procesadas el noventa por ciento de las mesas, y arrojaba un resultado de más del sesenta por ciento para el oficialista, y menos del cuarenta por ciento para el ultra conservador. 

Pocos minutos después el candidato de Renovación Nacional dio su discurso de la derrota, enviando un bonito mensaje para el Presidente Electo, y reconociendo sus méritos. Más tarde lo hizo el nuevo Presidente, también agradeciendo a su contrincante por la campaña.

Ya la noche estaba en Costa Rica, mientras que desde aquí se enviaba un mensaje claro al mundo. Un mensaje de derechos, de libertad y de democracia. El planeta expectante recibía la noticia. Los ticos, crayola en mano han decidido en paz.

Al día siguiente, todos muy cansados por la lucha dada y por haber trabajado tanto para que su candidato ganara, llenaron los muros de sus redes sociales con mensajes de muchos tipos, en donde predominaban aquellos en los que se hacía saber que el amor había ganado.  

Esta campaña logró despertar lo mejor del costarricense. Hubo grandes muestras de solidaridad y de respeto por los derechos igualitarios. Y aunque se hablaba de modelo único de familia, se votó en gran mayoría por las familias diversas. En esta difícil y dolorosa campaña electoral, se demostró lo mejor de los ticos, que decidieron el rumbo de su país.

Ahora el mundo sabe, nuevamente, que lo que este país tiene no es por casualidad, sino que han sabido tomar las decisiones correctas en los momentos de crisis. E indistintamente a qué ganara uno u otro, el mérito está en su solidaridad con la patria, y como crayola en mano dijeron esto es lo que quiero, sin que nadie coartara su derecho a votar, y sin que se presentara sospecha alguna de fraude. Y eligieron al Presidente número cuarenta y ocho, que a la mitad de su periodo, celebrará el bicentenario de la independencia.

Los observadores internacionales dijeron que a Costa Rica no se viene a supervisar, se viene a aprender. 

Hoy se acuña una nueva frase en el país del Pura Vida: a Costa Rica la defiendo yo, crayola en mano. 



1 de abril de 2018

Hoy he llorado


“Hoy he llorado”

Vinicio Jarquin .com
1 de abril de 2018


Un gran peligro se situaba sobre Costa Rica, la nube del odio, del desamor, de la homofobia, de la misoginia y del irrespeto a las tradiciones religiosas de otros, atentaba con dañar la imagen internacional de nuestro país, y de cualquier “forma de vida” que conociéramos hasta el momento.

Al ser pasadas las ocho de la noche, nuestros ojos se llenaban de agua al escuchar al Tribunal Supremo de Elecciones decir que habían revisado más del noventa por ciento de las mesas, y los resultados eran que el nuevo presidente de Costa Rica sería Carlos Alvarado, por los siguientes cuatro años.

Terminando de oír eso, nos abrazamos y lloramos. La paz había vuelto a nuestra casa. Con el nuevo equipo gobernante seguíamos siendo familia, porque no entraríamos en la nueva clasificación que se venía encima.

Lloré por este hermoso país. Lloré porque la victoria no fue gracias a unos, sino a muchos que dijeron –no- a aquellas declaraciones en las que se decía que los homosexuales no eran moralmente capaces para ejercer puestos de poder en el gobierno. Lloré por la libertad que seguirán disfrutando muchos empleados públicos. Lloré de alegría por ser parte de un país en el que las mujeres seguirán siendo seres humanos de primer nivel.

Esta noche lloré porque Costa Rica le había dado una lección cívica al mundo, escogiendo entre el peligro y desgracia, y las libertades y superación. Lloré porque los Derechos Humanos se seguirán respetando en Costa Rica, y seguiremos formando parte de la Corte Interamericana, sin el riesgo a los embargos internacionales.

Lloré al recordar que pese a esta victoria, fuimos testigos de los más bajos instintos de algunos amigos y familiares, que obviaron las advertencias y siguieron a aquel que vendría a dañar la patria y a sus habitantes.

Lloré porque le volvimos a enseñar al mundo que la mayoría de habitantes de Costa Rica, no están dispuestos a aceptar estos cambios, estos gobiernos teocráticos o a estos auto-proclamados profetas de poca monta, que venían por lo nuestro.

Lloré porque en los días anteriores habíamos escuchado mucho acerca de que el nuevo presidente sería el ungido de Dios, y hoy sabemos a quién Dios quería en nuestra silla presidencial.

Decían que estas elecciones no eran un tema personal, sino de política, aunque ciertamente los matices eran de Derechos Humanos. En todo caso, esta noche lloré al recibir mensajes por diferentes redes sociales, de personas queridas que nos felicitaban y se alegraban por nosotros. Mensajes de heterosexuales que no están dispuestos a que algunos tengan más derechos que otros. Mensajes de amigos fuera de Costa Rica que se alegraban por nosotros. Mensajes de familiares solidarios que valoraron el riesgo que se vivía y que viviríamos, y se solidarizaron con nosotros, escogiendo lo mejor para el país.

Esta noche lloré, porque muchas personas que en algún momento quise, han quedado atrás, luego de haber demostrado sus valores y en lo que creen, y que pese a su ferviente fe católica, sacrificaron sus creencias en la Virgen de los Ángeles, para ir detrás de aquel que hacía reflejo a sus más bajos deseos.

Esta noche lloré cuando el candidato perdedor dio su discurso de aceptación de la derrota, reconociendo así el trabajo incomparable del Tribunal Supremo de Elecciones. Y más tarde al escuchar el nuevo presidente felicitando a su contendor por una campaña de altura.

Hoy lloré por Costa Rica, porque aunque durante meses parecía que todo estaba perdido, y estaba en entredicho los valores propios de los costarricenses, hoy hemos demostrado qué es lo que queremos y qué es lo que somos. Amantes de la libertad, de los derechos igualitarios para todos, respetuosos de la fe religiosa de todos, respetuosos de la mujeres, de nuestra libertad, de nuestras instituciones, de la democracia, del proceso de votaciones y de nuestro Tribunal Supremo de Elecciones.

Hoy lloré, porque me di cuenta que la Costa Rica que siempre supuse que era, verdaderamente es.

1 de abril de 2018

Abril 1 de 2018
Vinicio Jarquin .com

Inicia el segundo semestre del año, y los costarricenses orgullosos de ser una gran democracia, irán a las urnas a emitir su voto directo por uno de los dos candidatos de apellido Alvarado, que han pasado a segunda ronda.

Cada día de elecciones en este país, es un día histórico, porque se afianza el derecho que tiene el pueblo para elegir al Presidente y Vicepresidentes que llevarán las riendas del país por los siguientes cuatro años.

Usualmente se vota por un cambio de partido o por el continuismo según el grupo gobernante del momento, aunque esta vez el panorama es muy distinto. Es completamente diferente porque quienes han decidido mantenerse en el mismo partido, lo hacen con la esperanza de que el cambio que está en las puertas, no se de, para el bien del país. El otro grupo quiere hacer un borrón y cuenta nueva. El problema de ese cambio es lo drástico que podría ser para la economía, los derechos humanos, la imagen del país y la libertades de sus habitantes. 

El grupo del cambio está convencido, y hoy saldrán a votar por un radical religioso, aunque atente contra las creencias de la religión oficial, y se pronuncie en contra de todo aquello que ha hecho grande a este país.  Los otros están aterrados de un futuro de ese tipo para Costa Rica, y como hace años no sucede, están en las calles, con banderas y tocando bocinas, apoyando al hombre que esperan que gobierne de ahora en adelante. 

Ciertamente muchos son los motivos que hacen que unos y otros escojan a un candidato, tanto en esta como en otras campañas. Sin embargo esta es decisiva y muy delicada. 

A Carlos la gente le cobra los errores del gobierno actual. Con algún derecho por ser el mismo partido, pero injusto, por ser hombres distintos. Por el otro lado, los votantes de Fabricio lo siguen, pese a la sombra que tiene encima.

Mujeres votando a un candidato de comentarios misóginos; homosexuales votando a un hombre homófobo que dice que no tendrá ministros de estado que no sean heterosexuales. Y así, diferentes grupos que hacen uso de un discernimiento -sacado de la manga- para continuar con la idea del cambio, como lo son aquellos católicos que ignoran las declaraciones en donde se habla de la condición diabólica de la virgen, o luego de escuchar que llaman “la gran ramera” a la iglesia católica. 

Hombres y mujeres, con niños pequeños, votando por un candidato de corte homófobo. Incluso personas con familiares homosexuales que también lo siguen. 

Mucho se ha hablado de las razones que mueven a estos grupos a seguir al resurgido candidato presidencial, sin plan de gobierno, que no presenta atestados financieros y sin preparación académica. 

Quienes van en su contra aseguran que esta opción es lo peor para el país, y quienes lo siguen no presentan argumentos de peso para esa decisión, lo que hace pensar que probablemente mantengan condiciones discriminatorias similares, aunque no sean públicas. 

La prensa del mundo y los organismos internacionales observan con cuidado esta decisión costarricense, que podrían desencadenar el cambio que muchos quieren, pero de magnitudes inimaginables. O más bien, y es lo peor de todo, de magnitudes imaginables.  

Pero como siempre, hoy se elegirá un nuevo Presidente, y los costarricenses serán respetuosos de los resultados que emita el Tribunal Supremo de Elecciones. Y suceda lo que suceda, Costa Rica saldrá adelante, porque la separación de poderes en este país, protegen a la población, incluso del presidente. 

Las calles ticas, a diferencia de otros países, no se teñirán de sangre el día de hoy, porque todo se hará según el respeto y la paz que siempre ha prevalecido en estas latitudes. Lamentablemente el odio sembrado por el candidato del cambio y sus seguidores, que irónicamente es el partido religioso, será difícil de curar.  

Suena bastante contradictorio que sea el partido dirigido por un predicador evangélico, aunque de -poca monta- y -venido a más-, sea el que ha logrado más separaciones en la familia, en contra del amor. Esto nos hace pensar que se ha armado toda una imagen de fantasía, detrás de lo que no es así. 

Pronto se cerrarán las urnas electorales, y en ellas se probará de qué están hechos los costarricenses y si lo que tienen, o han tenido, es por suerte o por esfuerzo. Se probará la madurez política de este pueblo, y si sus libertades han sido consecuencia de sus esfuerzos, o mera casualidad. 

Mañana, tendrán la segunda prueba pública internacional, cuando unos u otros acepten al nuevo Presidente, y la vida continúe. Claro está que con las heridas de haber pasado una campaña de odio y separación, predicada desde el mero púlpito de la Iglesia Cristiana. 

¿Y la jerarquía De la Iglesia Católicas?, muy bien gracias. Sin pronunciarse. Tal vez esperando a ver qué sucede hoy, para ver qué rescatan mañana. O bien para apoderarse de las cenizas e intentar rescatar lo que queda, aunque podría ser tarde. Y por su actuar silencioso, esta vez serán los grandes perdedores, probando su ineficiencia. Porque como dicen: “A los tibios los vomitaré de mi boca”.

Mañana Costa Rica será ganadora de imagen de democracia, y esperemos que también por haber elegido bien. Y la gran perdedora será la iglesia de Roma, por no haber dado la cara en el momento preciso, y por supuesto sus fieles, que en estas elecciones -vendieron- su Fe por la Negrita de los Ángeles, en favor de alguien que representa lo que en su interior, y probablemente, siempre han sido. 


Adelante Costa Rica, feliz día de elecciones.

30 de marzo de 2018

Un gran momento

Un gran momento, un maravilloso recuerdo. 

Estábamos caminando por las empolvadas calles de El Cairo, y de pronto un hombre nativo, vestido de manera local, muy distinto a nosotros, me detuvo y me regaló una pequeña piedrita, de una originalidad cuestionable. 

En tonos celestes y con la impresión del escarabajo que representa a Tutankamon, uno de los Faraones del antiguo Egipto. 

Días más tarde fuimos a su tumba y además al museo en donde se resguardan sus pertenencias. 

Cuando el hombre me dio la piedra, nuestra guía musulmana, que no debe tocar a un hombre, tomó mi brazo, quitó la tira de cuero e intentó poner la piedrita en ella. 

Cómo le resultaba difícil, usó una de las prensas que sostenían su Hiyab 🧕, y la puso entre las cuentas de colores. 

En los siguientes días, usando la nueva “joya”, fui detenido varías veces en la calle, porque la gente local quería hacerse selfies conmigo, o saludarme. 

Y antes de salir de Egipto, navegando por el Nilo, en un maravilloso atardecer africano, encontré o descubrí el propósito de mi vida. Y ahí empezó mi preparación seria para convertirme en Coach de Vida. 

En estos días, diseñando mis nuevas pulseras con Ed Art Accesorios, recordé esta y historia, y ahora pensaré como usarla en una pulsera nueva del siglo XXI, unos 3.350 años después del joven gobernante egipcio. 

Con esta nueva adquisición, volamos dejando la miseria y el desorden del Cairo, hasta Turquía (Estambul y Capadoccia), y trayéndola conmigo a América. 

Vinicio Jarquin .com



20 de marzo de 2018

¡Qué locura!

¡Qué locura! Digna de estudio.

Mujeres votando por un candidato misógino, porque creen que sacará al país adelante.

Padres y madres votando por un candidato homófobo, porque lo consideran la mejor opción, sin pensar en sus hijos y nietos.

Católicos votando por un candidato que insulta a la Virgen de Los Ángeles.

Universitarios votando por un candidato que se niega a darles la cara en un debate en el campus.

Evangélicos que votan por un candidato, cuando algunos de ellos llevan años escuchando las advertencias sobre los falsos profetas.

Personas con familia homosexual, votando por un candidato que hace comentarios homófobos a en campaña.

Costarricenses en general votando por un candidato “a gallo tapa’o” que presentará propuestas económicas luego de las votaciones.

Esta campaña no es a favor de alguien, es en contra de un grupo, aunque el país, la familia, las instituciones, o la fe, paguen el precio.

De verdad que el odio es un formidable motor de propulsión, que nos puede arrastrar a todos.

Como nunca antes, el día de las elecciones lloraré de alegría por ver a Costa Rica libre de la opresión, o lloraré de tristeza al ver que gente que conozco apuñala a los suyos.

Es por eso que he borrado a tantas personas de mi Facebook, y lo continuaré haciendo, porque quiero vivir en amor y con derechos. No quiero a este tipo de personas conociendo mi vida.

Vinny
Vinicio Jarquin .com

Buscando la felicidad

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