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1 de abril de 2018

1 de abril de 2018

Abril 1 de 2018
Vinicio Jarquin .com

Inicia el segundo semestre del año, y los costarricenses orgullosos de ser una gran democracia, irán a las urnas a emitir su voto directo por uno de los dos candidatos de apellido Alvarado, que han pasado a segunda ronda.

Cada día de elecciones en este país, es un día histórico, porque se afianza el derecho que tiene el pueblo para elegir al Presidente y Vicepresidentes que llevarán las riendas del país por los siguientes cuatro años.

Usualmente se vota por un cambio de partido o por el continuismo según el grupo gobernante del momento, aunque esta vez el panorama es muy distinto. Es completamente diferente porque quienes han decidido mantenerse en el mismo partido, lo hacen con la esperanza de que el cambio que está en las puertas, no se de, para el bien del país. El otro grupo quiere hacer un borrón y cuenta nueva. El problema de ese cambio es lo drástico que podría ser para la economía, los derechos humanos, la imagen del país y la libertades de sus habitantes. 

El grupo del cambio está convencido, y hoy saldrán a votar por un radical religioso, aunque atente contra las creencias de la religión oficial, y se pronuncie en contra de todo aquello que ha hecho grande a este país.  Los otros están aterrados de un futuro de ese tipo para Costa Rica, y como hace años no sucede, están en las calles, con banderas y tocando bocinas, apoyando al hombre que esperan que gobierne de ahora en adelante. 

Ciertamente muchos son los motivos que hacen que unos y otros escojan a un candidato, tanto en esta como en otras campañas. Sin embargo esta es decisiva y muy delicada. 

A Carlos la gente le cobra los errores del gobierno actual. Con algún derecho por ser el mismo partido, pero injusto, por ser hombres distintos. Por el otro lado, los votantes de Fabricio lo siguen, pese a la sombra que tiene encima.

Mujeres votando a un candidato de comentarios misóginos; homosexuales votando a un hombre homófobo que dice que no tendrá ministros de estado que no sean heterosexuales. Y así, diferentes grupos que hacen uso de un discernimiento -sacado de la manga- para continuar con la idea del cambio, como lo son aquellos católicos que ignoran las declaraciones en donde se habla de la condición diabólica de la virgen, o luego de escuchar que llaman “la gran ramera” a la iglesia católica. 

Hombres y mujeres, con niños pequeños, votando por un candidato de corte homófobo. Incluso personas con familiares homosexuales que también lo siguen. 

Mucho se ha hablado de las razones que mueven a estos grupos a seguir al resurgido candidato presidencial, sin plan de gobierno, que no presenta atestados financieros y sin preparación académica. 

Quienes van en su contra aseguran que esta opción es lo peor para el país, y quienes lo siguen no presentan argumentos de peso para esa decisión, lo que hace pensar que probablemente mantengan condiciones discriminatorias similares, aunque no sean públicas. 

La prensa del mundo y los organismos internacionales observan con cuidado esta decisión costarricense, que podrían desencadenar el cambio que muchos quieren, pero de magnitudes inimaginables. O más bien, y es lo peor de todo, de magnitudes imaginables.  

Pero como siempre, hoy se elegirá un nuevo Presidente, y los costarricenses serán respetuosos de los resultados que emita el Tribunal Supremo de Elecciones. Y suceda lo que suceda, Costa Rica saldrá adelante, porque la separación de poderes en este país, protegen a la población, incluso del presidente. 

Las calles ticas, a diferencia de otros países, no se teñirán de sangre el día de hoy, porque todo se hará según el respeto y la paz que siempre ha prevalecido en estas latitudes. Lamentablemente el odio sembrado por el candidato del cambio y sus seguidores, que irónicamente es el partido religioso, será difícil de curar.  

Suena bastante contradictorio que sea el partido dirigido por un predicador evangélico, aunque de -poca monta- y -venido a más-, sea el que ha logrado más separaciones en la familia, en contra del amor. Esto nos hace pensar que se ha armado toda una imagen de fantasía, detrás de lo que no es así. 

Pronto se cerrarán las urnas electorales, y en ellas se probará de qué están hechos los costarricenses y si lo que tienen, o han tenido, es por suerte o por esfuerzo. Se probará la madurez política de este pueblo, y si sus libertades han sido consecuencia de sus esfuerzos, o mera casualidad. 

Mañana, tendrán la segunda prueba pública internacional, cuando unos u otros acepten al nuevo Presidente, y la vida continúe. Claro está que con las heridas de haber pasado una campaña de odio y separación, predicada desde el mero púlpito de la Iglesia Cristiana. 

¿Y la jerarquía De la Iglesia Católicas?, muy bien gracias. Sin pronunciarse. Tal vez esperando a ver qué sucede hoy, para ver qué rescatan mañana. O bien para apoderarse de las cenizas e intentar rescatar lo que queda, aunque podría ser tarde. Y por su actuar silencioso, esta vez serán los grandes perdedores, probando su ineficiencia. Porque como dicen: “A los tibios los vomitaré de mi boca”.

Mañana Costa Rica será ganadora de imagen de democracia, y esperemos que también por haber elegido bien. Y la gran perdedora será la iglesia de Roma, por no haber dado la cara en el momento preciso, y por supuesto sus fieles, que en estas elecciones -vendieron- su Fe por la Negrita de los Ángeles, en favor de alguien que representa lo que en su interior, y probablemente, siempre han sido. 


Adelante Costa Rica, feliz día de elecciones.

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