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1 de abril de 2018

Hoy he llorado


“Hoy he llorado”

Vinicio Jarquin .com
1 de abril de 2018


Un gran peligro se situaba sobre Costa Rica, la nube del odio, del desamor, de la homofobia, de la misoginia y del irrespeto a las tradiciones religiosas de otros, atentaba con dañar la imagen internacional de nuestro país, y de cualquier “forma de vida” que conociéramos hasta el momento.

Al ser pasadas las ocho de la noche, nuestros ojos se llenaban de agua al escuchar al Tribunal Supremo de Elecciones decir que habían revisado más del noventa por ciento de las mesas, y los resultados eran que el nuevo presidente de Costa Rica sería Carlos Alvarado, por los siguientes cuatro años.

Terminando de oír eso, nos abrazamos y lloramos. La paz había vuelto a nuestra casa. Con el nuevo equipo gobernante seguíamos siendo familia, porque no entraríamos en la nueva clasificación que se venía encima.

Lloré por este hermoso país. Lloré porque la victoria no fue gracias a unos, sino a muchos que dijeron –no- a aquellas declaraciones en las que se decía que los homosexuales no eran moralmente capaces para ejercer puestos de poder en el gobierno. Lloré por la libertad que seguirán disfrutando muchos empleados públicos. Lloré de alegría por ser parte de un país en el que las mujeres seguirán siendo seres humanos de primer nivel.

Esta noche lloré porque Costa Rica le había dado una lección cívica al mundo, escogiendo entre el peligro y desgracia, y las libertades y superación. Lloré porque los Derechos Humanos se seguirán respetando en Costa Rica, y seguiremos formando parte de la Corte Interamericana, sin el riesgo a los embargos internacionales.

Lloré al recordar que pese a esta victoria, fuimos testigos de los más bajos instintos de algunos amigos y familiares, que obviaron las advertencias y siguieron a aquel que vendría a dañar la patria y a sus habitantes.

Lloré porque le volvimos a enseñar al mundo que la mayoría de habitantes de Costa Rica, no están dispuestos a aceptar estos cambios, estos gobiernos teocráticos o a estos auto-proclamados profetas de poca monta, que venían por lo nuestro.

Lloré porque en los días anteriores habíamos escuchado mucho acerca de que el nuevo presidente sería el ungido de Dios, y hoy sabemos a quién Dios quería en nuestra silla presidencial.

Decían que estas elecciones no eran un tema personal, sino de política, aunque ciertamente los matices eran de Derechos Humanos. En todo caso, esta noche lloré al recibir mensajes por diferentes redes sociales, de personas queridas que nos felicitaban y se alegraban por nosotros. Mensajes de heterosexuales que no están dispuestos a que algunos tengan más derechos que otros. Mensajes de amigos fuera de Costa Rica que se alegraban por nosotros. Mensajes de familiares solidarios que valoraron el riesgo que se vivía y que viviríamos, y se solidarizaron con nosotros, escogiendo lo mejor para el país.

Esta noche lloré, porque muchas personas que en algún momento quise, han quedado atrás, luego de haber demostrado sus valores y en lo que creen, y que pese a su ferviente fe católica, sacrificaron sus creencias en la Virgen de los Ángeles, para ir detrás de aquel que hacía reflejo a sus más bajos deseos.

Esta noche lloré cuando el candidato perdedor dio su discurso de aceptación de la derrota, reconociendo así el trabajo incomparable del Tribunal Supremo de Elecciones. Y más tarde al escuchar el nuevo presidente felicitando a su contendor por una campaña de altura.

Hoy lloré por Costa Rica, porque aunque durante meses parecía que todo estaba perdido, y estaba en entredicho los valores propios de los costarricenses, hoy hemos demostrado qué es lo que queremos y qué es lo que somos. Amantes de la libertad, de los derechos igualitarios para todos, respetuosos de la fe religiosa de todos, respetuosos de la mujeres, de nuestra libertad, de nuestras instituciones, de la democracia, del proceso de votaciones y de nuestro Tribunal Supremo de Elecciones.

Hoy lloré, porque me di cuenta que la Costa Rica que siempre supuse que era, verdaderamente es.

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