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17 de diciembre de 2018

La felicidad




Una plataforma que debemos defender con bríos,
que sea inquebrantable.


Esta mañana me encuentro con que estoy de cumpleaños. En estos tiempos no hay manera de olvidarlo, porque Facebook maneja la agenda eficientemente y tus amigos recibieron notificación. Empezaron a llegar las felicitaciones. Aunque para ser sinceros, no lo he tenido muy presente, y a ratos no me acordaba. No hice planes ni pensé en celebrar.
Muchos mensajes muy lindos me deseaban felicidad en este día, muchas personas escribiendo sus mejores deseos y bendiciones, sin saber que estoy dentro de una de las semanas más duras que he tenido. Y sintiéndome un poco “hipócrita” al no estar sintiendo claramente eso que me deseaban.
Mi hermano menor fue operado, dos personas muy cercanas tuvieron quebrantos de salud y fueron al hospital, a Kika la lastimaron cortándole las uñas, y sangró por toda la casa. Y para terminar, el tornado de ayer se llevó 9 láminas del techo, y causó daños a las canoas.
Anoche antes de dormirme fui felicitado por Luis Fer, Norman y mi mamá, pero no estaba en mi mejor momento. Y aunque les agradecí, no sabía cómo enfrentar el día de hoy. Las fuerzas a ratos parecen no ser suficientes, y aunque he seguido en pie, temí sucumbir ante los sucesos que se estaban dando. Adicionalmente, mi primera celebración sería hoy, en la ventanilla de la Caja del Seguro Social, arreglando los papeles de Norman.
Anoche, hablando con Luis Fer:

—Ya veremos cuándo entro en modo de “felicitación” y me conecto al cumpleaños. Le dije. —Todavía estoy en modo “sobrevivencia”.
—Usted escoge cuándo se conecta. Pronto mejor. Fue su consejo.

        Me quedaba muy claro que depende de mí conectarme en modo de felicidad, pero costaba mucho olvidar todo lo que estaba pasando y viviendo. Sin embargo hice una revisión “del sistema”. Verifiqué mi estado. Usé el Autofacilitador que nos “instalaron” en Insight IV.
        Pensé en cómo me sentía, en qué sentía, en qué esperaba, y en qué recursos necesitaba para salir adelante. Revisé mi “caja de herramientas” de Insight, Psych-K, Tisoc, PNL, Coaching, etc., y aunque algunas podrían ayudarme, algo en mí intentaba sabotearme, o bien me sentía bien sintiéndome mal. Suena complicado, pero es algo así como el “pobrecito yo” lo que estoy viviendo.
        En la revisión “de daños” me di cuenta que seguía siendo feliz. A pesar de estar preocupado a ratos, seguía feliz; aunque en momentos estuve triste, la felicidad no se había ido. Podía darme cuenta que incluso en los momentos en que he llorado por tanto problema, sigo viviendo sobre una plataforma de felicidad.
        Era como cuando llega el verano y el pasto parece morir; pero sus raíces siguen firmes y fuertes, y el verde le saldrá con las primeras gotas de lluvia. Me di cuenta que no conozco lo contrario a “felicidad”. Puedo estar triste o lloroso, con cabanga o apesadumbrado, pero que la felicidad que he cuidado y chineado por décadas, no muere fácilmente.
        Esta mañana recibí el saludo de cumpleaños de un querido amigo, me decía que estaba un poco triste y golpeado por lo que sucede en el país, pero que publicaciones que he hecho en mi muro, lo hicieron reír. Me dijo que recordando lo que hemos vivido juntos, y mi personalidad, ayudó a darle un toque distinto con respecto a cómo se sentía, positivo. Y que leyendo las felicitaciones que estoy recibiendo, cargadas de positivismo, tomó más fuerza. Con sus palabras me hizo sentir que mi cumpleaños y los comentarios de mis amigos, le habían dado esperanza y le ayudaron a sentir amor. Dice que esto lo ha hecho sentir mucho mejor y contento. Terminó deseándome bendiciones y buenos deseos, y la esperanza de que tanto yo como los que estaban a mi lado, incluyéndose, también tuviéramos un buen día.
        Justo ahí estaba, mi segundo gran regalo de cumpleaños enviado en un audio. Lo abrí y una “tormenta” de sensaciones y revelaciones volaron a mi alrededor. Era como estar bajo una piñata llena de confeti de colores. Una luz me pegó. Volví en mí de inmediato. Vinny otra vez.
En esta semana que ha pasado, he tenido que afrontar serios desafíos, y en todos los casos salí adelante, como se esperaba que lo hiciera; consiguiendo recursos internos de lugares que tal vez ni sabía. Y ahora me veía frente a mi responsabilidad de ser lo que parezco, y de ser lo que soy siempre. Ya sea por cómo me ven las personas, o el respeto que me debo a mi mismo. Reaccioné rápidamente con respecto al mensaje que le he dado “al mundo” consistentemente.
Si la felicidad no se ha ido, no tengo nada que recuperar. Si la felicidad no ha muerto, no tengo nada que rescatar. Seguía siendo yo. Recordé momentos de risa entre lágrimas, de chistes entre problemas, y que a pesar de todo, nunca dormí mal.
Vinieron a mi memoria los guardas del hospital, que siempre fueron amables y la mayoría de médicos que en todo momento fueron cariñosos. Pude recordar al señor que no conozco, que ayer me ofreció llevarme a comprar láminas para el techo en su camioncito; y principalmente, al muchacho que hace trabajos en la casa, que con una actitud maravillosa, me solucionó el problema, como si hubiera sido enviado a abrazarme en un terrible momento, y de quien sentí apoyo.
Decidí entonces, darle un giro inmediato a la impresión que estaba dando o queriendo dar. Decidí intentar ser luz. Decidí luchar con fuerza y valor para mantener alto el estandarte de mi propósito de vida: “Felicidad de exportación” (“Ser feliz y compartir mi felicidad”).
Desayuné, me bañé, me vestí de la mejor manera. Y junto con mi hermano nos fuimos a hacer las vueltas del seguro. En una hora estuvimos de regreso, con todo resuelto, y no sin antes haberle hablado de la felicidad, a la chica que nos atendió en la plataforma de servicios. Le di un par de consejos en ese tema y con respecto a la forma en cómo debería tratar su subconsciente, y quedó agradecida y prometiendo que lo pondría en práctica.
Hace unos días, mientras lloraba al teléfono con Luis Fer y le hablaba de la impotencia que sentía en el hospital, me dijo: “tratá de ser luz en ese lugar”. Ese fue el primero de los regalos recibidos, unos días antes.
Hoy sé que la felicidad está tan bien “instalada” que las otras sensaciones que vienen han tenido que convivir con ella, porque ella nunca se apartó para darles espacio. Incluso cuando despedimos a mi papá, hace una década y media; lloraba “por la pérdida” y la separación, pero que algo en mi pecho me daba una linda sensación de satisfacción, esa era la felicidad, permanente, inquebrantable.
Dicho lo anterior, muchas gracias. Las felicitaciones que estoy recibiendo hoy, las bendiciones y los deseos de felicidad, son gotitas de combustible que caen en el tanque que me ayuda a moverme por el mundo.
Y a este amigo, este ángel, que hoy se tomó el tiempo para decirme lo que piensa de mi, muchas gracias. Tal vez pensó en hacerlo para que yo supiera cómo se sentía, sin imaginar que sus palabras fueron agua en el desierto, y que nuevamente he florecido.

Vinicio Jarquin .com    

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